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LOCALES

Casación confirmó la sentencia a los Policías por la muerte de siete jóvenes en los calabozos de la Comisaría Primera.

Los jueces Carlos Angel Natiello y Mario Eduardo Kohan de la sala 1 de Casación bonaerense ratificaron la condena a los seis uniformados encargados de la dependencia policial cuando ocurrió el incendio en marzo de 2017.

Los jueces Carlos Ángel Natiello y Mario Eduardo Kohan ratificaron la sentencia del Tribunal Oral en lo Criminal N° 1 contra el ex comisario Alberto Donza y sus subalternos: Alexis Eva; Brian Carrizo; Matías Giulietti; Carolina Guevara y Sergio Rodas por los delitos de abandono de persona agravado por el resultado muerte.

Los jueces Guillermo Burrone, Danilo Cuestas y Miguel Angel Gaspari condenaron a 15 años de prisión a Alberto Donza; 14 años a Alexis Eva; 11 años a Brian Carrizo y Matías Giulietti; 8 años a Sergio Rodas y 6 años a Carolina Guevara por los delitos de abandono de persona agravado por el resultado muerte.

Los condenaron por considerarlos responsables del fallecimiento de los siete jóvenes que estaban alojados en la celda 1 cuando se produjo el incendio en los calabozos: Juan José Cabrera, Alejandro Federico Perrota, Matías Franco Pizarro, Fernando Emanuel Latorre, Alan Nahuel Córdoba, Sergio Andrés Filiberto y John Mario Chilito Claro.

La sentencia de primera instancia fue apelada por los abogados de los policías condenados y por los representantes de los intereses de las siete víctimas. Los letrados defensores manifestaron las quejas en la calificación penal, los montos de pena y distintas cuestiones legales y los profesionales de la querella requirieron que se revea la calificación legal al considerar que la condena debería haber sido por homicidio simple.

En el fallo de casación coincidieron con los relatos de los episodios de la sentencia en primera instancia de los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal N° 1 de Pergamino.

Así fue como rechazaron los recursos interpuestos por los abogados de ambas partes y dejaron firme la sentencia.

Fallo de los jueces Carlos Ángel Natiello y Mario Eduardo Kohan:

PROVINCIA DE BUENOS AIRES

Tribunal de Casación Penal 1

Registro nro. Año 2021

En la ciudad de La Plata se reúnen en Acuerdo Ordinario los señores Jueces de la Sala Cuarta del Tribunal de Casación Penal de la Provincia de Buenos Aires, doctores Carlos Ángel Natiello y Mario Eduardo Kohan, bajo la Presidencia del primero de los nombrados, para resolver en causa N° 104.392 de este Tribunal, caratulada “DONZA, Alberto Sebastián s/ recurso de casación” y sus acumulados n° 104.397 caratulado “CARRIZO, César Brian; GIULIETTI, Matías Exequiel; GUEVARA, Carolina Denise y RODAS, Sergio Ramón s/ recurso de casación”, n° 104.399 caratulado “CARRIZO, César Brian; GIULIETTI, Matías Exequiel; GUEVARA, Carolina Denise y RODAS, Sergio Ramón s/ recurso de casación interpuesto por Agente Fiscal”, n° 104.403 caratulado “DONZA, Alberto Sebastián; Eva, Alexis Miguel; CARRIZO, César Brian; GIULIETTI, Matías Exequiel; GUEVARA, Carolina Denise y RODAS, Sergio Ramón s/ recurso de casación interpuesto por particular damnificado” y, n° 104.393 caratulado “EVA, Alexis Miguel s/ recurso de casación”. Practicado el sorteo de ley, resultó que en la votación debía observarse el orden: NATIELLO – KOHAN, procediendo los mencionados magistrados al estudio de los siguientes:

A N T E C E D E N T E S

I.- El Tribunal Oral en lo Criminal N° 1 del Departamento Judicial Pergamino, en causa n° 788 y su acumulada n° 882, condenó a: Alberto Sebastián Donza a la pena de quince (15) años de prisión, accesorias legales y costas; Alexis Miguel Eva a la pena de catorce (14) años de prisión, accesorias legales y costas; César Brian Carrizo a la pena de once (11) años de prisión, accesorias legales y costas; Matías Exequiel Giulietti a la pena de once (11) años de prisión, accesorias legales y costas; Sergio Ramón Rodas a la pena de ocho (8) años de prisión, accesorias legales y costas; y, Carolina Denise Guevara a la pena de seis (6) años de prisión, 2 accesorias legales y costas, por ser hallados autores penalmente responsables del delito de abandono de persona agravado por el resultado muerte, en los términos del art. 106 tercer párrafo del C.P. II.- Contra dicho pronunciamiento interponen sendos recursos de casación los Dres. Carlos Esteban Torrens (T. IV F. 48 C.A.J.) y Federico Mastropierro (T. VIII F. 174 C.A.J.), en favor de Alberto Sebastián Donza; la Sra. Defensora Oficial, Dra. María Celina Bereterbide, en favor de Carolina

Denise Guevara, Sergio Ramón Rodas, Matías Exequiel Giulietti y César Brian Carrizo; el Sr. Agente Fiscal de Instrucción y Juicio, Dr. Nelson Omar Mastorchio; Celia Ramona Guadalupe González, Silvia Rosito, Ester Cristina Gramajo, Diego Sebastián Filiberto, Andrea Paola Filiberto Flavia Gradiche, Alejandro Córdoba, Anabel Delmas, Carmenza Claros, Nelly Lorena Claros y Alejandra Roberto, particulares damnificados, con el patrocinio letrado de Carla Victoria Ocampo Pilla (T. X F. 105 C.A.Q.), Pedro Auzmendi (T. LVII F. 328 C.A.L.P.) y Margarita Jarque (T. XXXVII F. 203 C.A.L.P.); y la Dra. Mónica Jaule (T. XVI F. 39 C.A.L.Z.), en favor de Alexis Miguel Eva.

III.- Los Dres. Torrens y Mastropierro, defensores particulares de Alberto Sebastián Donza, además de mocionar por la admisibilidad del recurso de casación, en cuanto su procedencia, denuncian absurdo y arbitrariedad en la valoración de la prueba, en cuanto a la determinación de la autoría responsable de su defendido, en cuanto se le adjudicó una conducta dolosa omisiva.

Consideran que el sentenciante realizó una subjetiva y selectiva valoración de la prueba producida durante el debate oral; tanto en el análisis de los testimonios vertidos en el debate, como de las pericias.

Concretamente explican que erróneamente el juzgador tuvo por acreditado que Donza nada hizo para evitar el resultado final, específicamente que: 1) no ordenó a sus subordinados que intentaran sofocar el incendio teniendo los medios para hacerlo; 2) que el comisario general Rojo, daba directivas acerca del uso de matafuegos; 3) que no 3 ordenó a Guevara llamar a los bomberos; 4) que ordenó que liberasen a los imaginarias pero no a los detenidos; 5) que no buscó los matafuegos; 6) que no fue cierto que vio a Giulietti y a Carrizo ayudar a los bomberos; y 7) que priorizó la seguridad por encima de la vida de los detenidos.

Explican que todos los supuestos indicios meritados por el Tribunal de mérito, adolecieron del defecto de no ser unívocos y por lo tanto, conducir en forma clara y directa a la culpabilidad de su pupilo procesal.

Entienden que hubo impericia y negligencia en el manejo de la situación, ubicando la conducta adjudicada a Donza en el tipo del homicidio culposo, pero de ningún modo en el delito de abandono de persona.

Asimismo, se agravian del proceso de determinación de la pena, puesto que se le impuso el máximo de la escala penal prevista para la figura seleccionada.

Cuestionan que el alto monto punitivo se fundó en informes psicológicos de parte y de un organismo de tinte absolutamente parcial que se dedica y jacta de perseguir y cuestionar las fuerzas del orden y que se haya tenido en cuenta como severizante la jerarquía. Adunan que el fallo también incurrió en un error valorativo al argumentar en la situación descripta en los informes de parte de los sobrevivientes y sus secuelas. Por último, critican que no se haya meritado la falta de antecedentes penales y sumariales de Donza. Solicitan se case la sentencia y se absuelva a su asistido.

Formulan formal reserva del caso federal.

IV.- Por su parte, la Sra. Defensora Oficial, Dra. María Celina Beteterbide, en representación de Carolina Denise Guevara, Sergio Ramón Rodas, Matías Exequiel Giulietti y César Brian Carrizo, denuncia la absurda y arbitraria valoración de la prueba en relación a la comprobación de que sus asistidos fueron coautores del delito de abandono de persona seguido de muerte.

Aduce que de forma acertada el tribunal discriminó tres momentos diversos acerca de cómo se sucedieron los hechos y, sin embargo, al 4 momento de achacar responsabilidades, engloba todo como si hubiera sido uno solo.

Continúa explicando que luego de la pelea entre los internos y, encontrándose ya encerrados, comenzaron un pequeño fuego que sólo desprendió humo y que no representó un peligro acorde con el desenlace final. Allí, señala, se decidió que se quede de custodia en el sector de calabozos, en donde, si se intentó apagar o no quedó, quedó comprobado que continuaron encendiendo o aumentando los internos el fuego, lo que representó una autopuesta en peligro, aunque ninguno, ni los presos ni los policías podían -con certeza- representarse lo que sucedió luego.

Critica que en ese tramo, se reprochó en la sentencia que el fuego no fue apagado cuando pudieron hacerlo y, sin embargo, a la par, se tuvo por probado que los detenidos continuaban haciendo fuego.

Prosigue su argumentación señalando que, debido al aumento del humo, los imaginarias requirieron que los sacaran del lugar, y ya el comisario, que se encontraba en el lugar, dio la orden de sacar a los internos una vez que arribara el Grupo de Apoyo Departamental.

Considera entonces que la lógica de la orden radicó principalmente en la inferioridad numérica que representaban los policías frente a los internos, no solamente por seguridad para que no se escapasen, sino por la propia seguridad de los policías, habida cuenta el clima de tensión que había entre los detenidos, quienes en la pelea habían utilizado elementos punzocortantes mientras que, por protocolo, los que oficiaban de imaginaria se encontraban desarmados.

En razón de ello, concluye que la orden dada por Donza no resultó irracional hasta ese momento y su acatamiento tampoco.

Además, aduna que lejos de no hacer nada, los numerarios ya habían llamado a los bomberos, al comando de patrullas y al GAD, lo que demostraría su intención de no dejarlos en las celdas, sino sacarlos pero con la seguridad necesaria.

Agrega que luego existió una segunda o tercera secuencia, ya con los policías afuera, en donde el fuego se incrementó y terminó produciendo el resultado fatal; sosteniendo que no hubiese resultado tan fácil apagar el fuego antes porque los internos seguían prendiendo y no tenían a mano los extintores.

Con respecto al arribo de los bomberos a la comisaría, datada a las 18:45, cuando todavía se podría haber evitado la muerte de los internos de la celda 1, se les critica a sus defendidos que no ayudaron a apagar el foco ígneo ni tampoco abrieron la puerta del sector de los calabozos. Replica dicha hipótesis sosteniendo que las llaves de la misma eran tenidas por el comisario y por el oficial de servicio, con lo cual sus asistidos no tuvieron la posibilidad real de abrir la misma, puesto que no poseían las mentadas llaves.

Afirma que Guevara no estuvo siquiera cerca de las llaves y que Rodas las tuvo sólo en la escena anterior, cuando junto con Eva abrieron para que Giulietti y Carrizo salieran del sector de imaginaria. A lo que debe agregarse que la orden impartida por Donza de no abrir hasta la llegada del GAD resultó razonable, lo mismo que su acatamiento, desplazando la conducta de sus pupilos hacia la causal de justificación de la obediencia debida.

Producto de ello, explica que resultó innegable que existió una colisión de intereses. En primer lugar, por el riesgo que pudo haber traído aparejado el abrir la celda para el propio personal policial, dado que, las condiciones

de inferioridad numérica, el enojo de los presos y la presencia de elementos punzo cortantes en las celdas indicaban con claridad que la liberación podría haber desencadenado una agresión -al menos-.

En segundo lugar, las consecuencias que hubiese acarreado la desobediencia a la orden impartida por Donza para quien abriese, si es que alguno de los policías resultaba lesionado o por un eventual escape. Ello, a

su juicio, hubiera derivado en una sanción.

Por lo expuesto, considera que la orden impartida, en las condiciones en que fue emitida, resultó legítima, y al sostener que se priorizó la seguridad por encima de la vida, fue sólo una especulación infundada del

tribunal.

Los policías actuantes, reafirma, se representaron al salir del lugar y cerrar la puerta, sólo las consecuencias que hubiese acarreado el incumplimiento de la orden impartida por el Comisario.

Aduce que para sus defendidos, creyeron que resultaba lícito esperar al GAD para desalojar las celdas cuando el fuego no era tan importante y así lo hicieron.

Bajo dicho paraguas, entiende que el accionar de los imputados, en el peor de los casos, debió haberse encontrado amparado por un error de prohibición indirecto invencible, porque creyeron fehacientemente que el

cumplir la orden, por los riesgos que ello implicaba, era el accionar adecuado.

Ello, considera que debió ser evaluado y no la condición genérica de policías y la generalidad de un objetivo deber de cuidado, sin distinciones jerárquicas y sin una evaluación de cada una de las conductas que tuvo

cada actor en el desarrollo de los acontecimientos.

Resume que entonces la orden resultó legítima y que existió un riesgo en la integridad física de los policías y que, por lo menos, también ellos pensaron que el no cumplir implicaba consecuencias no solo físicas, sino

laborales por desobedecer la cadena de mando.

Por lo tanto, concluye su postura sosteniendo que: 1) al existir una colisión de intereses de igual valor, el cumplir con la orden habría estado amparado en un estado de necesidad disculpante, lo que conlleva a la

inculpabilidad; 2) si para el juzgador no existió esa colisión de intereses, lo que sí hubo, al menos, fue el cumplimiento de una orden legítima, lo que descartaría la antijuridicidad; y, 3) si para el Tribunal dicha orden no tuvo tal

carácter, habría mediado un error de prohibición indirecto respecto de la causa de justificación, por la apreciación de las circunstancias, que resultó invencible, de acuerdo al entorno que rodeaba a la situación, puesto que

tenían motivos de sobra para creerla legítima, lo que también conlleva la

inculpabilidad.

Ataca también la ponderación efectuada por el sentenciante de la actitud pasiva asumida por sus defendidos y la intención de dejar morir a los detenidos.

Entiende que del material probatorio colectado surge lo contrario: se llamó a los bomberos de policía, respondieron a preguntas de los internos y hasta se les alcanzó agua, lo cual no implica actitud pasiva alguna.

Asimismo, afirma que las distintas jerarquías funcionales debieron ser tenidas en cuenta no sólo para fundar la pena, sino también para evaluar la conducta de cada uno de los actores.

Esgrime que el derecho penal no admite la responsabilidad objetiva, ni la posición de garante por el sólo hecho de ser policía sin que se analice la conducta, razón por la cual entiende que la atribución de responsabilidad

resultó inconstitucional por violatoria al principio de culpabilidad por el acto.

Por todo lo expuesto, solicita se case la sentencia impugnada y se disponga la libre absolución de Rodas, Guevara, Giulietti y Carrizo.

En subsidio, denuncia la errónea aplicación de los arts. 40 y 41 del C.P.

Se agravia de la denegatoria de tomar como pauta atenuante la ausencia de antecedentes penales porque eran policías y, para serlo, ello era una condición. Considera que la ley no crea dicha distinción y que el art. 41 del digesto de fondo, contempla expresamente dicha circunstancia.

Del mismo modo, ataca la valoración de la pluralidad de víctimas y la extensión del daño como pautas agravantes. Puesto que en los delitos de omisión no puede preverse el número de víctimas y, por otro lado, no fue un

daño que haya querido causarse.

Por último, considera arbitrario e infundado el elevado quantum aplicado a sus pupilos.

Solicita la disminución de las penas impuestas.

Formula formal reserva del caso federal.

V.- Por su parte, Mónica Jaule, en representación de Alexis Miguel Eva, fulmina de arbitrario y absurdo el laudo atacado. Entiende que el sentenciante no terminó de aclarar cómo se configuró el delito de abandono de persona ya que uno de los requisitos del mismo está dado en la posibilidad fáctica de socorrer y, que, su defendido, en virtud del breve tiempo transcurrido, la confusión reinante y la falta de experiencia en motines, se le pudo representar la más mínima posibilidad del resultado final.

Aclara que su defendido no tenía ni la preparación básica ni los elementos necesarios para cumplir con su calidad de garante de las personas privadas de su libertad.

A su vez, esgrime que su asistido, más allá de no ser la autoridad máxima del lugar, cumplió con lo que debía hacerse, informando de manera inmediata a su superior y que le ordenó a Guevara que se comunicara con

los bomberos voluntarios y se convoque al GAD, entendiendo que dadas dichas órdenes, su defendido a través de terceros, socorrió a los internos que clamaban por su vida.

Solicita se case la sentencia y se absuelva a su asistido.

Subsidiariamente, reclama se otorgue una morigeración, bajo la modalidad de prisión domiciliaria, a su asistido. Considera inexplicable que sea el único de los imputados que se encuentra sometido a una estricta prisión preventiva, mientras los demás gozan de prisión domiciliaria. Funda dicha petición en la circunstancia en ser padre de familia, concretamente de dos hijos menores de edad (11 y 4 años respectivamente), manteniendo una relación de pareja estable con la Sra. Brenda María Alderete, madre de su hijo más pequeño, conviviendo ambos en el mismo domicilio.

Aduna que es necesario a efectos de que mientras la pareja de Eva trabaje y de sustento del hogar, su defendido cuide de los menores.

Formula reserva del caso federal.

VI.- Asimismo, los Dres. Carla Victoria Ocampo Pilla, Pedro Auzmendi y Margarita Jarque, en su carácter de apoderados de los particulares damnificados, aducen también arbitrariedad en la valoración de la prueba, determinando una errónea calificación legal de los hechos.

Consideran que la calificación legal correcta debió ser la de homicidio simple, razón por la cual peticionan se case la sentencia atacada, la recalificación del hecho y la imposición de un nuevo quantum punitivo a los acusados.

Argumentan que el delito de abandono de persona exige, en su faz subjetiva, conocer y querer las circunstancias que pertenecen al tipo penal objetivo. Entonces, aducen, el dolo se debe referir al desamparo o abandono de la víctima y al peligro que corre en la situación en concreto.

Explican que el dolo de puesta en peligro significa, en su faz intelectual, la representación de la posibilidad de que se producirá un peligro de lesión al bien jurídico; y, al ser un delito de peligro, hay un riesgo de lesión a los bienes jurídicos. Distinto, continúan, es representarse la lesión efectiva del bien.

Por lo tanto, entienden desacertada la postura adoptada por el Tribunal al considerar que el autor del delito ha de representarse siempre, como posibilidad más o menos cierta, el hecho de que pudiese sobrevenir la muerte.

Ello, en virtud de que al menos al momento de realizar la acción típica: desamparar, abandonar, el riesgo debe estar indeterminado; si el peligro de vida resulta concreto, entonces se está en presencia de otro delito.

Aducen que el “a quo” reconoció la determinación concreta de lesión a la vida a la que estaban sometidos todos los jóvenes que se hallaban alojados en el sector calabozos, pero más aún los siete jóvenes que se encontraban más próximos al foco ígneo, y luego al incendio ya desarrollado, al momento de realizar la acción típica de abandono. Es cierto, afirman, que los funcionarios condenados abandonaron, pero no es menos cierto que cuanto menos se representaron la posibilidad de ocurrir el deceso de los jóvenes.

Asimismo, plantean que los sentenciantes no estimaron cual fue el medio comisivo (abandono o desamparo) del tipo penal objetivo adoptado para su juzgamiento, limitándose sólo a hacer una exposición teórica sin aplicarla de modo concreto al caso, soslayándose que con la utilización del concepto de peligro, el legislador delegó en quienes deben aplicar el derecho, el resolver la cuestión relativa a que y cuantos elementos de una regla causal deben cumplir para fundar el peligro de lesión.

Por lo tanto, entienden que los juzgadores asumieron una serie de situaciones que enmarcaron el hecho en un claro homicidio por omisión impropia evidenciando una clara contradicción entre la plataforma fáctica que reconocieron y el momento de subsumir la conducta en un tipo penal.

En consecuencia, se calificó erróneamente como abandono de persona lo que debió ser un homicidio de comisión por omisión con dolo eventual propiciado por una situación previa de abandono pero de la que se sirvieron para permitir la efectiva lesión a la vida la muerte de los jóvenes ya sea omitiendo ellos su deber legalmente impuesto como impidiendo que terceros intervengan.

Por lo expuesto, solicitan se case la sentencia atacada, se recalifique el hecho como homicidio simple por dolo eventual y se readecuen los montos punitivos impuestos a los condenados.

Asimismo plantean la necesidad de revocar las prisiones domiciliarias

de las que vienen gozando cuatro de los imputados, debido a la existencia

de peligros procesales.

VII.- Concedidos los remedios por el “a quo”, radicados los mismos por

ante esta Sala Cuarta y notificadas las partes, a fs. 181/189 se presenta el

Sr. Fiscal de Casación, Dr. Carlos Arturo Altuve, quien dictamina

sosteniendo el recurso deducido por su par de instancia y propiciando el

rechazo de los recursos incoados por las respectivas defensas.

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A fs. 190/195 y vta., se presenta el Sr. Defensor Adjunto de Casación,

Dr. Nicolás Agustín Blanco, manteniendo el recurso interpuesto por la Dra.

Bereterbide y solicitando el rechazo de los remedios deducidos por los

particulares damnificados y el Fiscal de Juicio.

A fs. 210/211 presentan memoria escrita los Dres. Mastropierro y

Torrens, mejorando los argumentos vertidos en su recurso presentado en

favor de Donza.

A fs. 214/220 ocurren los patrocinantes letrados de los particulares

damnificados, Dres. Ocampo Pilla, Auzmendi y Jarque, quienes sostienen el

recurso oportunamente interpuesto y contestan los agravios a las

respectivas defensas.

VIII.- Con fecha 23 de marzo del corriente (Reg. Nro. 2- Inter. 2021),

esta Sala Cuarta, resolvió admitir los recursos interpuestos por los Dres.

Mastropierro y Torrens en favor de Alberto Sebastián Donza; por la Dra.

Bereterbide en favor de César Brian Carrizo, Matías Exequiel Giulietti,

Carolina Denise Guevara y Sergio Ramón Rodas; y, por la Dra. Jaule en

favor de Alexis Miguel Eva.

Asimismo, rechazó por inadmisible el recurso interpuesto por el

Agente Fiscal de Instrucción y Juicio, Nelson Omar Mastorchio.

También rechazó por no resultar ni pertinente ni útil la prueba ofrecida

por los particulares damnificados.

IX.- Habiéndose dispuesto el pase de los presentes al Acuerdo, la

Sala Cuarta de este Tribunal, decidió plantear y resolver las siguientes:

C U E S T I O N E S

1era.) ¿Son procedentes los recursos interpuestos por las defensas de

los imputados Donza, Eva, Carrizo, Giulietti, Guevara, y Rodas?

2da.) ¿Lo es el recurso deducido por los particulares damnificados?

3era.) ¿Qué pronunciamiento corresponde dictar?

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A la primera cuestión planteada el señor Juez, doctor Natiello,

dijo:

Preliminar. Previo a pasar a dar responde a la presente cuestión

aclaro que para un mejor ordenamiento del tratamiento de los agravios, los

mismos serán abordados en el siguiente orden: a) los planteos relativos la

absurda y arbitraria valoración de la prueba efectuada por las tres defensas;

b) la pretendida calificación de la conducta endilgada a Donza como

homicidio culposo efectuada por los Dres. Torrens y Mastropierro; c) los

agravios esgrimidos por la Dra. Bereterbide, tendientes a ubicar la conducta

de sus asistidos: 1) como un estado de necesidad exculpante; en su

defecto, 2) como un caso de obediencia debida; y 3) que habría mediado un

error de prohibición indirecto respecto de la causa de justificación;

finalmente, d) los agravios atinentes a la arbitraria valoración de atenuantes

y agravantes, como así también del excesivo quantum punitivo.

a.- Entiendo que los recursos en trato son una reedición de los

argumentos que las defensas esgrimieran en el debate, y que han sido

contestados con fundadas razones, por el sentenciante. Los recurrentes

debieron hacerse cargo de esos fundamentos y evidenciar su absurdo o

arbitrariedad. Nada de ello ha acontecido.

No obstante, a partir de la jurisprudencia de la Corte Suprema de

Justicia de la Nación, en autos “Casal, Matías Eugenio y otro s/ robo simple

en grado de tentativa”, que formulara una interpretación armónica amplia del

art. 456 del C.P.P.N., en armonía con los arts. 8. 2. h de la Convención

Americana de Derechos Humanos y 14.5 del Pacto Internacional de

Derechos Civiles y Políticos, se sostuvo que resulta aplicable en nuestro

derecho la doctrina que en el derecho alemán se conoce como la del

agotamiento de la capacidad de revisión o de la capacidad de rendimiento,

abandonando la limitación del recurso de casación a las llamadas

cuestiones de derecho, induciéndonos así al tratamiento de la presente, en

tal sentido. Pero debo también aclarar que, ese ha sido el comportamiento

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de este Tribunal, desde hace años, dentro –claro está-, de la limitación

obvia de quien no ha participado en el debate (cfr. Sala I –integración según

ley 11.982-, causa n° 6165 “Rec. Fiscal” sent. del 5/VI/03, N° 8646 “Gianasi”

sent. del 23/X/03, N° 9476 “Chiclana” sent. del 24/II/04).

En realidad los recurrentes sólo han evidenciado una convicción

diferente a la que arribara el «a quo», sin quebrantar el iter desarrollado.

Sentado ello, del análisis de los presentes autos surge con absoluta

nitidez que el sentenciante meritó razonadamente la prueba colectada, y

concluyó sin absurdo ni duda respecto de la existencia de los hechos

constitutivos del delito endilgado y en cuanto a la comprobación de la

responsabilidad de Sebastián Alberto Donza, Alexis Miguel Eva, Carolina

Denise Guevara, Sergio Ramón Rodas, Matías Exequiel Giulietti y César

Brian Carrizo.

Así, el “a quo”, tuvo por debidamente probado que: “… el día 2 de

marzo de 2.017, momentos antes de las 18:00 se produjo una pelea entre

los internos Juan José Cabrera y Alan Nahuel Córdoba quienes portaban

elementos punzo cortantes denominados en la jerga carcelaria “facas”. La

gresca ocurrió frente a la celda n° 2 dentro de los calabozos de la Comisaría

Primera, sita en calle Dorrego 636 de Pergamino. Como resultado de la

pelea ambos internos sufrieron lesiones.

Advertida la pelea por el imaginaria de turno, sargento Brian Carrizo,

alias “Rojitas”, quien se encontraba en el sector que corresponde para

cumplir esa tarea específica, procedió a dar aviso de tal novedad al oficial

de servicio, subayudante Alexis Eva quien tenía en su poder un juego de

llaves de los calabozos.

También se ha probado que un segundo juego de llaves estaba en

poder del jefe de la dependencia, comisario Alberto Sebastián Donza.

A raíz del incidente producido entre los internos nombrados, Eva

decidió proceder a encerrar o “engomar” a los internos en sus celdas; para

ello recurrió a la ayuda del disponible teniente primero Sergio Rodas y el

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oficial refuerzo de imaginaria Matías Giulietti. Asimismo solicitó refuerzos a

personal de la policía motorizada que se encontraba circunstancialmente en

el lugar; de este modo ingresaron al sector de calabozos y encerraron en los

mismos a los internos.

En la celda n° 1 ubicaron a Juan José Cabrera, Alejandro Federico

Perrota, Matías Franco Pizarro, Fernando Emanuel Latorre, Alan Nahuel

Córdoba, Sergio Andrés Filiberto y John Mario Chilito Claro; en la celda n° 2

Franco Nahuel Ferreyra, Pedro Gigena, Santiago Díaz, Agustín Alberto

Mansilla, José Marcelo Navarro y Jesús Patricio Gómez; en la celda n° 3

Claudio Oscar Pereyra Valdez y en el sector de contraventores a Nicolás

Juan Gabriel González.

Luego del “engome” Alexis Eva aseguró con candados las celdas y los

sectores mencionados, asimismo cerró la puerta de rejas que comunica el

sector de pasillo de calabozos con el sector de imaginaria y la puerta de

rejas de salida al exterior del patio trasero, todas con candado, quedando en

el sector de imaginaria Carrizo y Giulietti.

Así las cosas y ante la situación de encierro que los internos

consideraban injusta, pues era muy temprano y la pelea había terminado,

aquéllos comenzaron a protestar pidiendo a los gritos que los desengomen

y pateando rejas.

Ante la falta de respuesta al reclamo los internos alojados en la celda

n° 1 arrojaron un trozo de colchón encendido al pasillo produciendo un

pequeño foco ígneo aunque sí bastante humo. Mientras eso sucedía todos

los internos continuaban gritando pidiendo que los saquen. Si bien no es

posible determinar con exactitud el horario de comienzo del fuego, puede

afirmarse que se produjo momentos antes de las 18:16:45, como se verá

más adelante.

Como el foco ígneo no se extinguía y había bastante humo Carrizo y

Giulietti solicitaron a Rodas y Eva que los sacaran del sector de imaginaria,

así lo hicieron sacándolos hacia el patio trasero y dejando las puertas de

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rejas cerradas con candados, tanto la que comunica el sector de imaginaria

con el pasillo de calabozos y la que da al patio trasero.

Asimismo está debidamente probado que desde la sede de la

Comisaría Primera no se realizó ningún llamado de sus teléfonos fijos a la

sede de Bomberos Voluntarios de Pergamino y que Guevara realizó tres

llamados desde el n° 2477 440357 perteneciente a la Comisaría Primera al

n° 2477 423983 del Departamento de Bomberos de Policía a las 18:16,

18:26 y 18:35 horas.

También se ha probado que los bomberos voluntarios tomaron

conocimiento del evento en la Comisaría a las 18:40 a través de un llamado

que provino del Centro de Despachos, arribando al lugar a las 18:45 cuando

es dable suponer que todavía había signos de vida de los internos alojados

en la celda n° 1 por los mensajes de texto que se analizarán infra y que los

policías imputados retardaron y obstaculizaron la labor de aquellos

servidores públicos, a tal punto que les impidieron actuar con la celeridad

que las circunstancias exigían.

Mientras el fuego comenzaba a extenderse los policías sólo atinaron a

observar la situación, estando todos los uniformados enterados de lo que

estaba sucediendo, sin embargo, priorizando la seguridad por sobre la salud

y la vida de quienes estaban bajo su custodia en los calabozos de la

comisaría, no dieron ninguna orden ni realizaron maniobras tendientes a

salvaguardar la vida de los internos, que encerrados, sólo podían gritar por

auxilio.

Asimismo se ha probado que todos los efectivos policiales que

estaban en la dependencia durante la emergencia estaban enterados y

conscientes de lo que sucedía en los calabozos.

Del mismo modo, está suficientemente probado, que el comisario

Donza no impartió ninguna orden relativa a sofocar el incendio o para

ordenar que se abrieran los calabozos, que Guevara nunca llamó a los

bomberos voluntarios y que Eva, Carrizo, Giulietti y Rodas no sólo se

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mantuvieron inermes ante la situación de peligro extremo, sino que por el

contrario, luego de dejar las rejas cerradas con candado no intentaron

siquiera abrirlas cuando ello era posible, ni sofocar el fuego cuando todavía

podía extinguirse con la utilización de agua o por medio de los matafuegos

que había en la dependencia y ni siquiera prestaron la debida colaboración

a los bomberos, demorando la entrega de las llaves que abrían el sector de

calabozos en una actitud verdaderamente inexplicable desde una mirada

humanitaria.

He afirmado supra que los policías priorizaron la seguridad por sobre

la vida y la salud de los internos, quienes estaban encerrados sometidos al

avance del fuego y que finalmente luego de que éste se generalizara dentro

de la celda n° 1, por entrar en contacto con sábanas o cobijas que pendían

de la reja produjo como fatal consecuencia el fallecimiento de los siete

internos que allí encontraron la muerte del modo más atroz.

La prioridad que he puntualizado quedará probada a partir de los

llamados telefónicos y demás pruebas que se analizarán más adelante.

Finalmente, considero probado que a raíz de este suceso los

familiares de las víctimas y sobrevivientes de esta tragedia sufrieron daños

físicos y psíquicos que aún persisten”.

Para así decidir el “a quo” fue fragmentando las distintas secuencias

temporales a efectos de acreditar el itinerario que derivó en el deceso de los

siete internos alojados en la celda n° 1.

En primer lugar, tuvo en cuenta los dichos de los internos

sobrevivientes Santiago Díaz, Juan Carlos Ramírez, Franco Ferreyra y

Martín Ortega para tener por acreditado el incidente entre los detenidos

Córdoba y Cabrera, pelea con “facas” que terminó con ambos contendientes

lesionados –uno en la ceja y otro en el pecho-.

La reyerta entre Cabrera y Córdoba determinó que Brian Carrizo,

quien se encontraba de imaginaria, le enviara un mensaje a Alexis Eva para

que se dirigiese al sector de calabozos, el que arribó momentos después

17

junto a Giulietti y Rodas, y tres efectivos de la motorizada, procediendo a

“engomar” a los detenidos como represalia por la pelea, ingresando los de

las celdas n° 2 y 3 sin problemas, mientras que los de la celda n° 1, no

querían hacerlo porque no era el horario.

El propio Carrizo dio cuenta de dicha situación.

En tanto, Sergio Rodas, quien ese día estaba de disponible, contó

que Eva le pidió que lo acompañe a los calabozos porque había un

problema; también se acopló el oficial Giulietti.

Siguió contando que llegaron a la puerta de los calabozos y les abrió

Eva, pues era quien tenía las llaves e ingresaron, refrendando que los

internos de las celdas n° 2 y 3 ingresaron sin problemas, no así la gente de

la 1, quienes comenzaron a gesticular y quejarse porque los estaban

engomando aunque después de un tiempo entraron a la celda.

Cumplido ello, especificó que el oficial de servicio cerró y dejó a

Carrizo de imaginaria y a Giulietti como apoyo de ese sector, mientras él se

quedó en la parte exterior de los calabozos, mientras los de la motorizada

se retiraron.

Por su parte, Alexis Eva manifestó que cerca de las 17:55 recibió el

mensaje de Carrizo notificándole de la pelea, salió al exterior y se encontró

con Giulietti, Rodas y los chicos de la motorizada Chida, Ciro y Ulloa, a

quienes pidió apoyo.

Explicó que ingresaron todos menos Chida y que gritó “engome” y

entraron los internos de las celdas 2 y 3, mientras que los de la 1

protestaron, costando un rato hacerlos entrar.

Siguió contando que una vez encerrados se alteraron y empezaron a

insultarlos y amenazarlos que los iban a “pinchar”. Salieron y cerró la reja

que divide el sector de imaginaria con el de calabozos por la situación que

se estaba generando y les dijo a Brian (Carrizo) y Giulietti que se quedaran

en imaginaria. Egresó de los calabozos y se quedó junto a Rodas cerca de

la puerta.

18

Diego Ulloa, perteneciente al comando de patrullas, hizo un relato

similar al de sus colegas, pero no hizo mención alguna de que los internos

amenazaran a los policías o los insultaran y que Eva abrió y cerró las

puertas de los calabozos.

De su parte, Mauro Chida, también de la patrulla motorizada, ratificó

lo hasta aquí expuesto, señalando que el engome fue tranquilo pero los

detenidos estaban enojados por la situación.

Cabe aclarar que sólo existían dos juegos de llaves de los calabozos,

uno en poder de Alexis Eva, quien declaró que tenía las mismas con una

cinta negra y un broche que llevaba prendido siempre en su bolsillo; y, el

otro, en poder del comisario Alberto Sebastián Donza, aunque no las

llevaba consigo, sino que estaban en el privado.

Fijado dicho tramo de los sucesos, los sentenciantes pasaron a

verificar las protestas de los internos, el comienzo del primer foco ígneo y su

desarrollo posterior y el comportamiento de los efectivos.

Aquí se valoró lo relatado por Jesús Patricio Gómez, sobreviviente de

la tragedia, quien ingresó a la celda n° 2 durante el engome. Contó que los

encerraron con llave y que algunos comenzaron a protestar porque no era la

hora del encierro, luego comenzó el foco ígneo, gritaban fuerte para hacerse

escuchar porque una vez que los encerraron se fueron y no recordó haber

visto a nadie más; algunos pateaban las rejas, generándose un clima de

impotencia.

Aclaró que alguien arrojó al pasillo algo pequeño, tipo una almohada

o pedazo de colchón que hacía humo, algo diminuto, de unos 40 por 20 cm.,

situándolo frente a la celda 1 y al costado de la celda 2.

Prosiguió que no pudo ver quien arrojó eso pero sí que salió de la

celda 1, que fue un pedazo mínimo para que concurriera la policía y dieran

una respuesta, aunque infructuosamente, porque nadie se acercó.

Aseveró que ese pequeño humo estuvo un buen rato, como cuarenta

minutos, un tiempo suficiente como para que alguien entrase, pero no lo

hizo ningún efectivo policial (el subrayado me pertenece).

19

Ya estaban bastante asfixiados con ese pequeño foco y empezó a

crecer la desesperación al ver que no acudían, mucho más cuando observó

que el fuego había tomado la cortina o un colchón y no veía respuestas.

Creía que podía pasar cualquier cosa allí dentro y no se avizoraba

una solución, razón por la cual empezaron a gritar más fuerte aún, ya desde

todas las celdas.

Posteriormente, se cortó la luz y entraron en una situación de

desesperación terrible, siendo muy difícil respirar, tirándose al piso para

esperar.

Narró que en su celda había una persona mayor que comenzó a

descomponerse y respiraba por la boca del inodoro.

Formuladas que le fueran preguntas, respondió que explotó un tubo

fluorescente y se cortó la luz. Cuando el fuego agarró la cortina fue cuando

comenzó a crecer y que cuando se cortó la electricidad preguntaban por la

celda 1 pero ya nadie respondía.

También, contestó que en su celda había ducha y que tenía presión

normal, pero desde que los encerraron hasta que los sacaron no les

abrieron la ducha, habiendo una sola canilla que estaba abierta.

Luego, explicó que desde el primer fuego hasta que los sacaron pasó

bastante tiempo, una hora o más, pero sin poder asegurarlo.

Finalmente, se le exhibió un video tomado por un compañero con un

celular, refiriendo que se trató de un fuego intermedio, entre el primer foco

pequeño y el incendio declarado. Pero resultando terminante en que no se

trató del primer fuego.

También testimonió Nicolás González, quien se encontraba en el

sector de contraventores. Señaló que desde allí se podía ver el pasillo que

daba a las demás celdas y que pudo ver que desde la celda 1 sacaron un

pedazo de colchón y prendieron fuego, afirmando que dicho foco duró más

o menos diez minutos y se consumió todo. Luego, tiraron otro pedazo de

colchón, ya no se veía nada, solo humo y se escuchaban gritos de auxilio.

20

Contó que en un momento una oficial de policía, a quien identificó

como una de las imputadas (Carolina Guevara), le pasó dos botellas de

agua por la reja que estaba cerrada con candado. Le preguntó por qué no

abrían y le contestó que no tenía autorización hasta que no llegara el Jefe.

Después de ello no quedó nadie adentro, saliendo todos los efectivos.

Por último, reseñó que cuando llegaron los bomberos ya era tarde, y

que desde el primer foco hasta que arribaron los bomberos, pasó media

hora más o menos, rectificándose luego, señalando que entre el primer y el

segundo pedazo de colchón pasó media hora.

A su turno, Franco Ferreyra, quien se hallaba en la celda 2 manifestó

que pudo ver el primer foco ígneo que era chico, lo quisieron apagar con

baldes pero no les daba el ángulo, empezó a ver humo y después no se

veía nada.

Exhibido que fue el video tomado por un celular, reconoció que ese

fuego todavía se podía apagar, que primero fue más chico, e interrogado

sobre si los de la celda 1 incentivaban a que prendieran fuego respondió

afirmativamente, luego se escuchó una explosión y después de 30 o 40

minutos de grabar el video los de la celda 1, dejaron de gritar.

Aclaró que cuando llegaron los bomberos todavía estaban

encerrados. Se escuchó la sirena, pero ingresaron luego de 20 o 30 minutos

a los calabozos.

También contó que le envió mensajes a su pareja pidiendo auxilio,

que fueran a ayudarlos porque los estaban dejando morir, pero nadie los

socorrió.

Aportó su versión Juan Manuel Escalera, quien dio cuenta que estuvo

una hora gritando y pateando puertas para que vinieran; había un humo

bárbaro y que se estaban intoxicando pero nunca se acercó nadie, estaba

en la celda con Jesús (Gómez) jugando a las cartas cuando vio humo en el

pasillo.

Reseñó que atinó a ponerse un trapo mojado, empezó a gritar y a

tirar vasos con agua, pero el humo lo obligó a meterse debajo de la cama.

21

Finalmente, refirió que lo sacaron luego de 40 minutos o una hora,

desde que empezó el humo. Negó haber visto durante dicho lapso temporal

ningún policía.

Estas versiones se vieron apontocadas con los dichos de Claudio

Oscar Pereyra Valdez, quien declaró que estaba en el pasillo, desde allí

tenía visión a la puerta trasera del patio de afuera.

Ratificó que el fuego se originó en la celda 1, siendo mínimo, un

pedazo de colchón y que cuando los engomaron, estaba el imaginaria, pero

después se fueron.

Señaló que los policías salieron hacia el patio, que nunca intentaron

apagar el fuego, y el imaginaria les decía a los de la celda 1 que tuvieran

cuidado que se podía prender fuego la cortina de la reja.

Aclaró que cuando los engomaron la puerta del imaginaria quedó

cerrada, aunque normalmente quedaba abierta. Describió la celda 1 con

cortinas y que los gritos se escucharon hasta que explotó el televisor.

Preguntado que fue, respondió que escuchó la sirena de los

bomberos pero pasaron 20 minutos hasta que vio al bombero, pero éste no

ingresó ni tampoco los policías.

Del mismo modo, Ezequiel Hugo Villafañe depuso que estaba en la

celda 6 cuando empezó el humo y que comenzaron los gritos de

desesperación: “auxilio que nos quemamos”.

Explicó que su compañero Ramírez le dijo que se tirara al piso, le dio

una toalla mojada que se puso en la cara para no asfixiarse, pero en un

momento el humo ya estaba en el piso, era humo negro, y comenzaron a

gritar, pero no se acercó nadie.

Expresó que pudo ver el fuego desde su ubicación y que no apareció

ningún policía ni desde adelante ni por atrás.

Consideró que desde que se inició el fuego hasta que lo sacaron

pasaron 40 minutos o una hora, no recordó bien, pero 40 minutos como

mínimo seguro.

22

Siguió el testimonio de Santiago Díaz, alojado en la celda 2. No vio

como se inició el fuego.

Afirmó que no hubo auxilio de ningún tipo y que todos gritaban, pues

estaban encerrados.

Desde que el fuego comenzó, consideró que pasaron

aproximadamente 20 minutos, pero no recordaba bien. Luego, adunó, se

cortó la electricidad y se quemaron los cables.

Refirió que se tiró debajo de la cama a esperar, mojó un trapo y se lo

puso en la boca. Pedían que llamaran a los bomberos y los saquen, que se

estaban ahogando y quemando.

Señaló que desde su celda se grabó un video con un celular.

Estimó que los bomberos tardaron en entrar como veinte minutos.

Por su parte, Juan Carlos Rodríguez Sañudo, alojado en la celda 6,

aclaró que el fuego comenzó en el pasillo con pedacitos de colchones. Le

requirió a la oficial Guevara que llamara a los bomberos, quien le respondió

que ya habían llamado, por lo que le insistió que llamara nuevamente, que

los pibes (sic) se estaba quemando, pero Guevara nuevamente le respondió

que no la dejaban volver a llamar.

Siguió contando que cuando llegaron los bomberos no los dejaron

pasar, se quedaron afuera.

Señaló que sólo vio colaborar a Guevara, que los gritos de auxilio

venían de la celda 1 y de las demás también.

Finalmente, se incorporaron por lectura los testimonios de Juan

Jesús Gerde y Agustín Mansilla. El primero manifestó que vio cuando de la

celda 1 pasaron un colchón que en “minutitos” (sic) agarró fuego y empezó

a llenarse de humo y fuego intenso. Le dijo a su compañero de pedir auxilio,

sino se iban a morir, por lo que junto a otros comenzaron a gritar fuerte que

había fuego pero la policía tardó una hora en entrar desde el primer foco.

Luego el fuego agarró las cortinas, el humo era intenso, no se podía ver

nada.

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Siguió narrando que se tiraron al piso, tratando de respirar por el

inodoro y que escuchó la sirena de los bomberos, pero estos no ingresaban.

Escuchó las sirenas luego de 25 o 30 minutos, gritaban fuerte pero no entró

nadie ni de atrás ni de adelante. Le pedía a “Rojitas” (Carrizo) que apagara

el fuego, que se iban a morir, pero no hubo respuesta.

Mansilla, declaró que pudo ver que de la celda 1 tiraron un pedazo de

colchón por la reja del pasillo, se vio humo, pero en un momento paró,

después siguieron pateando y tiraron otra mitad de colchón que prendieron

con un encendedor.

Marcó que ya había demasiado humo y empezaron a pedir auxilio,

empezaron a patear las rejas y llamar al imaginaria, pero nadie apareció.

Luego, escucharon la sirena de los bomberos, pero nunca entraron

tampoco. A posteriori, el fuego agarró con todo, quemó el cablerío y se cortó

la luz.

Continuaron pidiendo auxilio, gritaban que se estaban muriendo: “nos

estamos muriendo encargado”, pero nuevamente nadie apareció.

Recién ingresaron cuando vino el grupo Geof.

Los testimonios de los internos culminaron con los dichos de Gigena,

quien declaró con reserva de identidad e incorporándose por lectura el

mismo. Manifestó que “Noni” tiró un pedazo de colchón encendido, cada vez

el humo era peor, el fuego se hacía cada más grande, se metió al baño y

luego lo sacó un policía de nombre Matías Giulietti. Le contaron que lo

sacaron a la rastra, que le salvó la vida.

Estuvieron gritando como una hora desesperados y no les querían

abrir la reja. El imaginaria estaba allí y gritaba que les fueran a abrir porque

si no traían la llave de adelante, tampoco él podía salir y no recordó nada

más porque se desmayó.

El Tribunal de mérito consideró los testimonios de los internos como

veraces. En efecto, sostuvieron que las peritos psicólogas Ruiz y Vidart

24

peritaron a ocho sobrevivientes y aseguraron en la audiencia de debate que

no encontraron signos de fabulación en sus declaraciones.

Debo destacar entonces, que como he señalado reiteradamente, la

apreciación de la prueba testimonial es tarea propia de los jueces de los

hechos. Y en el marco de esa particular soberanía, sólo revisable en esta

Sede en el supuesto de mediar absurdo en las conclusiones, el Tribunal de

grado, luego de tomar nota «de visu» y «de auditu» acerca del talante,

actitud, poder de persuasión, estado anímico y memoria de cada testigo,

resolvió asignar pleno valor a las declaraciones vertidas durante la

audiencia de debate, otorgándoles primacía sobre cualquier expresión

juramentada anterior.

Cabe acotar que el sistema de enjuiciamiento implantado por la ley

11.922, es claro al poner el centro de gravedad del proceso precisamente

allí, esto es, en el debate plenario. De ahí que, conforme lo afirmado por

esta Sede, ningún elemento comprobatorio cuya producción no sea dable

controlar a través del debate, puede utilizarse como base de la sentencia.

Como contrapartida, la apreciación de todo medio de prueba es, en

principio, materia reservada a los jueces que han tomado contacto con las

evidencias cargosas a través de tal debate oral (Sala I en su integración

originaria, sent. del 28/8/01 en causa 1680, «Chamorro Pacheco»).

Así lo ha resuelto también la Corte Suprema de Justicia de la Nación

en el conocido fallo «Casal», cuya parte pertinente paso a transcribir: «…lo

único no revisable es lo que surja directa y únicamente de la inmediación.

Esto es porque se imponen limitaciones de conocimiento en el plano de las

posibilidades reales y -en el nivel jurídico- porque la propia Constitución no

puede interpretarse en forma contradictoria, o sea, que el principio

republicano de gobierno impide entender un dispositivo constitucional como

cancelatorio de otro. En este caso son los textos de la Convención

Americana y del Pacto Internacional que no pueden ser interpretados en

forma contradictoria: en efecto, los arts. 8.5 de la Convención Americana y

25

14.1 del Pacto exigen la publicidad del juicio, con lo cual están exigiendo

oralidad, que es inseparable condición de la anterior, y, por ende, no puede

entenderse que los arts. 8.2.h. de la Convención Americana y 14.5 del

Pacto impongan un requisito que la cancela. Por ende, debe interpretarse

que los arts. 8.2.h. de la Convención y 14.5 del Pacto exigen la revisión de

todo aquello que no esté exclusivamente reservado a quienes hayan estado

presentes como jueces en el juicio oral. Esto es lo único que los jueces de

casación no pueden valorar, no sólo porque cancela el principio de

publicidad, sino también porque directamente no lo conocen, o sea, que a

su respecto rige un límite real de conocimiento. Se trata directamente de

una limitación fáctica, impuesta por la naturaleza de las cosas, y que debe

apreciarse en cada caso. De allí que se hable de Leistung, del rendimiento

máximo de esfuerzo revisable que pueden llevar a cabo en cada caso.»

(C.S.J.N, C. 1.757 XL, 20/09/05).

Ahora como bien pone de resalto el “a quo”, todos los testimonios

fueron contestes en lo sustancial y se correspondieron con el resto de las

pruebas vertidas en el debate.

Por lo hasta aquí expuesto, entonces no tengo más que coincidir con

el Tribunal Oral pergaminense en cuanto a que el incendio se desarrolló en

tres etapas, a saber:

1°) el primer foco se produce cuando, a modo de protesta por el

repentino engome, los internos de la celda 1 arrojaron un pedazo de

colchón al pasillo que encendido produjo poco fuego aunque mucho humo,

se prolongó por varios minutos y puede establecerse como momento de

inicio antes de las 18:16:45;

2°) luego, y también desde la misma celda 1 se tiró otro pedazo de

colchón que incrementó el fuego y el humo, desde ese momento los gritos

de todos los internos eran pedidos de auxilio, pues el humo y el calor

aumentaban, y todos veían amenazadas sus vidas.

26

Este segundo foco es el que puede apreciarse en el video filmado por

Franco Ferreyra.

En ese momento, los imputados Carrizo y Giulietti solicitaron a Rodas

que les abriera las rejas, y éste, por orden de Donza y con las llaves de Eva,

abrió las rejas, dejando a los internos encerrados en su calabozo.

Es decir, sólo abrieron las rejas para que saliera el personal policial

que habían quedado en el sector de imaginaria, reiterando, que se dejó

encerrados a los internos.

Precisamente, en este momento, todos los internos coinciden en

declarar, que gritaban y pateaban las rejas para que los sacaran y ningún

policía acudió a dicho pedido de auxilio.

3°) el tercer momento, se da precisamente, ya con los policías fuera

del sector imaginaria, y con los internos completamente abandonados a su

merced, cuando el fuego prendió de la cortina de la reja de la celda 1 y se

declaró el incendio total.

El momento en que se produjo el primer foco ígneo quedó

corroborado -momentos antes de las 18:16:45- cuando a esa hora el

departamento de bomberos de policía recibió un llamado de una voz

femenina, que había un incendio en la comisaría. Dicha circunstancia fue

corroborada por Eber Leonardo Seta, quien manifestó en la audiencia de

debate que recibió una llamada al teléfono fijo de la dependencia en el cual

una voz femenina lo anotició que había un incendio en la Comisaría

Primera.

El segundo foco quedó acreditado hasta por los testimonios de los

mismos oficiales que estaban en el sector de imaginaria, principalmente los

dichos de Giulietti, quien le pide junto con Carrizo a Rodas

desesperadamente que los saquen que no podían respirar.

Durante este lapso temporal también quedó acreditado con los

informes de llamadas entrantes y salientes de la empresa Telefónica de

Argentina, que hubo tres llamados al Departamento de Bomberos de Policía

18:16:45, 18:26:20 y 18:35:23. Llamados a un organismo que no tiene como

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objeto la lucha contra los incendios, sino que se dedica a una actividad

principalmente pericial. Estas llamadas fueron efectuadas por la imputada

Guevara.

Cabe destacar que del testimonio del interno Rodríguez Sañudo,

surge que los internos le pidieron que llamara a los bomberos y ésta les

contestó que ya lo habían hecho y que no la dejaban volver a llamar.

Lo cierto es que Guevara llamó a un organismo que no combate

incendios y nunca lo hizo con los bomberos voluntarios, puesto que no

figura en el registro de llamados, ninguna comunicación salida hacia dicha

repartición.

Por su parte, el ya mencionado Eber Leonardo Seta, policía con

especialidad de bombero, declaró que su dependencia se dedica a labores

investigativas tales como hacer pericias y preventivas como inspecciones y

asesoramiento de seguridad en locales nocturnos, más no funciones

operativas para combatir incendios.

Explicó que ese día estaba solo y que recibió cerca de las 18 un

llamado de una femenina que lo puso en conocimiento de un incendio en la

Comisaría Primera, tomó los elementos de escritura, un cámara de fotos y

se dirigió en móvil policial al lugar, lo que explica que nadie atendiera las

dos llamadas posteriores de las 18:26 y 18:35.

También quedó registrado que se hicieron llamados desde el

abonado 44 0357 a las 18:16:08 hacia el abonado 41 8390 perteneciente al

Comando de Patrullas, a las 18:52:35 al 42 9742 correspondiente al

Hospital San José de Pergamino y a las 18:53:25 al 44 0344 de la empresa,

Medicar SRL.

Como puede observarse fácilmente en ningún momento se llamó al

cuartel de Bomberos Voluntarios.

Fuente: Semanario El Tiempo

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