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22 mayo, 2022, 4:33 pm
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Veinte años sin Marita Verón: una búsqueda infinita que se convirtió en lucha contra la trata de personas

El 3 de abril de 2002 María de los Ángeles «Marita» Verón fue secuestrada en la ciudad de San Miguel de Tucumán. Tenía 22 años y una hija de 2 que ahora tiene 22. Estaba yendo a una consulta médica cuando la subieron por la fuerza a un auto y se la llevaron a un destino incierto. Susana Trimarco, su mamá, la busca incansablemente desde ese día. Y todos los días. 

Marita vivía en el centro de la capital provincial con su pareja, David Catalán, con quien tuvo a su única hija, Sol Micaela. La pareja trabajaba en un mercadito con una amplia variedad de productos en la zona de Villa Mariano Moreno, en el norte de la capital provincial. 

Trimarco denunció la desaparición de su hija ese mismo 3 de abril. Primero fue a buscarla con su marido a la Maternidad, donde supuestamente debía hacerse unos estudios médicos para ponerse un DIU, pero enseguida descubrió que había sido engañada: el supuesto jefe de personal que la había citado era en realidad uno de los empleados de limpieza. 

Tres días después Marita fue vista a unos 30 kilómetros de su casa, tambaleante, como si la hubiesen drogado. Llevaba unos tacos altos que ella no solía usar. Tiempo después llegaría la confirmación: había caído en manos de una red de prostitución.

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Susana Trimarco. 

El expediente judicial abierto tras la desaparición de Marita convirtió el caso en un emblema de la lucha contra la prostitución y la esclavitud sexual: más de veinte mujeres fueron rescatadas en condiciones inimaginables y surgieron, una tras otra, historias de mujeres que habían secuestradas y compradas por traficantes, llevadas a un destino lejano del país, donde eran explotadas hasta quedar sedientas. Una de ellas se llamaba Marita Verón. 

A veinte años de su desaparición, su paradero sigue siendo uno de los grandes misterios sin resolver de la crónica policial argentina.

La reconstrucción

Según los diferentes testimonios recabados en los primeros años de la investigación, «Marita» pasó por varios prostíbulos de la provincia de La Rioja y posiblemente de Córdoba sin poder escapar de sus captores o contactarse con su familia.

El 5 de abril de 2002, el hijo del juez Jiménez Montilla le sugirió a Trimarco que contactara Rubén «La Chancha» Ale para pedirle ayuda. Ale, un personaje oscuro y conocido en Tucumán, que estuvo preso por un doble homicidio y llegó a ser presidente del club San Martín después de haber liderado a la barra brava, era el dueño de una de las remiserías más importantes de la capital provincial, pero también el hombre detrás de la red de prostitución más grande de la zona.  

“Llevé carteles con la foto de Marita para pegar en los autos”, recordó Trimarco durante el juicio oral del año 2012 que terminó en un verdadero escándalo. La mamá de Marita habló con María Jesús Rivero, la esposa de Ale, y le prometió que la iba a ayudar. Tenía línea directa con el poder. Llamó a tres funcionarios provinciales, entre ellos Julio Díaz, por entonces secretario de seguridad provincial, pero las pistas que empezó a recibir resultaron todas falsas.

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Marita Verón tenía una hija de 2 años cuando fue secuestrada. 

“A mi hija la hacían aparecer en un lugar y a la hora siguiente en otro, nos daban pistas falsas para engañarnos a mi marido (Daniel Verón) y a mí, nos volvían locos”, reconoció la mujer.

El 7 de abril de 2002, Trimarco recibió una llamada anónima con el primer dato que apuntaba directamente contra el clan Ale. “Me dijeron que un remise rojo de la empresa 5 Estrellas (perteneciente a La Chancha) la había secuestrado”, contó y desde entonces comenzó a ser hostigada. La amenazaron de muerte, le quemaron la casa y hasta la quisieron atropellar. Pero Trimarco nunca abandonó la búsqueda de su hija.

Con el tiempo, la Justicia halló indicios suficientes como para sospechar que aquella mujer que le había prometido ayuda sabía muy bien lo que había pasado con Marita Verón. Para el fiscal Carlos Sale, por ejemplo, la joven «fue sustraída de manera violenta e intempestiva de su seno familiar por los hermanos María Jesús y Víctor Rivero».

Trata de personas: una cruda realidad que persiste

De acuerdo a la acusación, la esposa de Ale ordenó secuestrarla y su hermano Víctor ejecutó el pedido. De hecho, hay un testigo que asegura que Víctor le confesó haber secuestrado a Marita.

Para el fiscal, Verón “fue llevada de la casa de Rivero a la casa de Daniela Milhein”, madre de una de las hijas de La Chancha Ale y obligada a prostituirse desde los 16 años. Milhein es un personaje clave en esta historia porque una testigo, que asegura haber estado secuestrada junto a Marita Verón, declaró que esta mujer la raptó el 27 de mayo de 2002.  

Fátima Mansilla -de ella se trata- había trabajado como niñera en la casa de Milhein pero renunció después de contarle a su mamá que había visto a chicas que entraban y salían de la casa. Según dijo, Milhein y su esposo Alejandro González la subieron por la fuerza a un auto y la empastillaron, algo similar a lo que supuestamente le pasó a Marita.

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Daniela Milhein.

“Yo la vi”

Fátima recordó que despertó en una habitación junto a otra joven, a quien tiempo después reconocería como Marita Verón. Estuvo cerca de siete meses secuestrada. Fue obligada a consumir cocaína y prostituida por hombres que regularmente visitaban la casa.  Un horror. 

Meses después, en otra de las casas donde estuvo prisionera, volvió a estar en contacto con Marita. “Era una casa de familia, común y corriente, donde secuestraban a las chicas. A mí me levantaron en la esquina de mi casa, a otras las llevaron engañadas. La primera vez que estuve secuestrada la vi a Marita y también antes de salir de ahí”, contó en el juicio.

Siguiendo la pista de los prostíbulos, los investigadores llegaron hasta la provincia de La Rioja y dieron con Liliana Medina, conocida como «La Doña» o “Mamá Lili”, quien supuestamente habría comprado a Marita por 2.500 pesos para luego obligarla a prostituirse en sus tres locales, Candy, Desafíos y Candilejas

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Liliana Medina, alias «Mamá Lili».  

Son varios los testigos que ubican a la víctima en estos burdeles que estaban a cargo de Medina y sus dos hijos, los mellizos «Chenga» y «Chenguita» Gómez, otros dos de los acusados en el juicio. En febrero de 2013, «Mamá Lili» murió en la cárcel tras sufrir un paro cardiorrespiratorio. No está de más decir que se llevó sus secretos a la tumba. 

Milhein, incluso, reconoció que estuvo en los prostíbulos de «Mamá Lili». “Primero me llevaron al Candy, pero ahí estuve sólo un día. Después me llevaron al Candilejas y ahí conocí a Medina, pero no por ese nombre, la conocía como ‘Mamá Lili’; y también conocí a Azucena Márquez, se hacía llamar ‘Doña Claudia’”, contó. 

“Estas mujeres -por Medina y Márquez- no me querían dejar ir cuando yo me quise volver a Tucumán porque extrañaba a mis hijos. Cuando insistí, me encerraron en una habitación con tres personas. Tuve que decir que tenía una hija con Ale para que me dejaran volver”. 

Trata de personas: desde 2009 se dictaron 334 sentencias y hubo 509 condenados

La mujer -según su relato- logró escapar, pero siguió vinculada a la red, según surge de varios testimonios más. Dejó de prostituirse para pasar a captar chicas.

Los hermanos José Fernando, alias “Chenga” y Gonzalo José Gómez, alias “Chenguita”, hijos de “Mamá Lili”, también aparecen en la ruta de Marita Verón. 

Los dos estaban al frente de la organización y eran los hombres que recibían a las chicas que llegaban a La Rioja, pero “Chenga”, además, solía golpearlas y amenazarlas. A Marita la habría tomado como mujer y hasta incluso se cree que la habría dejado embarazada, y borrado del mapa cuando supo de la desesperada búsqueda de la familia Verón.

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José Fernando Gómez, alias «Chenga». 

Juicio y escándalo

La causa por el secuestro de Marita Verón demoró más de diez años en llegar a juicio oral. En 2012 fueron juzgados trece imputados: María Jesús y Víctor Rivero; la dueña de prostíbulos riojanos Irma Lidia Medina, los hermanos José Fernando y Gonzalo José Gómez; Daniela Milhein y su esposo Andrés González; Carlos Luna, Domingo Andrada, María Azucena Márquez; Humberto Derobertis, Mariana Bustos y Cynthia Gaitán.

El 11 de diciembre de ese año, la Sala II de la Cámara Penal de Tucumán, integrada por los jueces Alberto Piedrabuena, Eduardo Romero Lascano y Emilio Herrera Molina, resolvió absolver a los trece imputados, en un fallo tan inesperado como polémico.

La decisión significó un cachetazo durísimo para Trimarco, pero un año después la Corte Suprema provincial revocó el fallo y ordenó que una nueva sala fije la pena a diez de los doce acusados (Mamá Lili fue excluida porque había fallecido en febrero de 2013). 

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Susana Trimarco al declarar en el juicio del año 2012. 

El tribunal consideró coautores del delito de retención y ocultamiento agravado para el ejercicio de la prostitución de “Marita” a los hermanos Gómez, que fueron condenados a 22 años de prisión, y a Milhein y González a 18 años. A su vez, condenó como partícipes necesarios a Luna y Andrada (17 años); Márquez (15 años); Derobertis (12), Bustos y Gaitán (10 años). Los hermanos Rivero fueron absueltos

Recién a fines de abril de 2017 los acusados fueron detenidos y comenzaron a cumplir la condena. 

¿Qué pasó con “La Chancha” Ale? El supuesto cabecilla de la organización de trata y su hermano, alias «El Mono», fueron apresados y juzgados tiempo después por lavado de activos, en una causa que impulsó la Unidad de Investigación Financiera a partir de las denuncias realizadas por Trimarco.

Terminaron condenados a diez años de prisión como jefes de una asociación ilícita, dedicada al delito de lavado de activos, mientras María Jesús Rivero -ex mujer de La Chancha y absuelta en el caso de Marita Verón- recibió una pena a 6 años de prisión.

Sin embargo, ninguno de los dos se encuentra encerrado en una cárcel porque fueron beneficios con la libertad condicional.  En dos años se habrá extinguido la pena. 

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