Mary Neal, una cirujana ortopédica especializada en columna, vivió una experiencia extraordinaria en 1999. Durante una excursión de kayak en el río Fuy, en Chile, la doctora quedó atrapada bajo una cascada y estuvo sumergida durante 12 minutos. Al ser rescatada, el tiempo total sin oxígeno alcanzó los 24 minutos, lo que llevó a sus acompañantes a declarar su ausencia de latidos y el cambio de color en su piel como signos de muerte clínica.
La medicina contemporánea califica su supervivencia como un hecho insólito, dado que no presentó daño cerebral. Neal describe su experiencia como una transición hacia un plano espiritual. Según su relato, sintió una separación total entre su cuerpo físico y su espíritu, observando las maniobras de reanimación cardiopulmonar desde una perspectiva externa.
En una entrevista con Oprah Winfrey Network, Neal mencionó que fue recibida en un espacio con forma de cúpula por seres que tenían forma física y vestían túnicas. Durante esta experiencia, recibió lo que ella denomina como «una lista de tareas», donde se le comunicó que su tiempo en la Tierra aún no había terminado.
A pesar de que la doctora declinó ofrecer todos los detalles sobre las revelaciones, una de las predicciones impactó profundamente su vida: el fallecimiento de su hijo mayor, Willy. Neal mantuvo esta información en secreto durante una década, hasta que el joven, quien contaba con nueve años al momento del accidente de su madre, murió a los 18 años en un accidente vial.
Neal luchó por encontrar una explicación científica a esta experiencia, pero finalmente aceptó su vivencia como una realidad espiritual. A raíz de esta situación, su carrera médica y su vida familiar en Wyoming se transformaron. La muerte de su hijo le otorgó una nueva perspectiva sobre la alegría, diferenciándola de la felicidad, que considera dependiente de circunstancias externas.
Actualmente, la cirujana continúa su labor profesional y comparte sus lecciones a través de libros como 7 Lessons from Heaven: How Dying Taught Me to Live a Joy-Filled Life. Su testimonio refuerza su creencia en la existencia de Dios y la continuidad de la vida, guiando sus actos cotidianos con la convicción de que cada palabra y acción genera efectos invisibles. A pesar del dolor por la pérdida de su hijo, Mary Neal mantiene su postura sobre la veracidad de los eventos que vivió mientras su corazón se detuvo.
Fuente: La Nación












