Verónica Etulain, tras 30 años dedicados a la enseñanza, decidió dar un giro radical en su vida profesional. A los 50 años, dejó su carrera como maestra jardinera para embarcarse en un nuevo desafío: crear su propia marca de alfajores.
Desde pequeña, Verónica mostró una inclinación hacia la educación, soñando con ser maestra mientras jugaba con sus muñecas y observaba a su madre en el jardín de infantes. Esta pasión la llevó a estudiar el Profesorado en Educación Inicial, donde experimentó un profundo aprendizaje a lo largo de tres décadas, siendo testigo del crecimiento de innumerables niños.
Durante su trayectoria, Verónica enfrentó el desafío de equilibrar la teoría pedagógica con la práctica diaria, un proceso que requería creatividad y adaptabilidad constante. Su dedicación no solo se limitaba a las horas en el aula, sino que también incluía la planificación y preparación de materiales en su hogar, creando un ambiente mágico para sus alumnos desde el primer día de clases.
Sin embargo, el deseo de emprender la llevó a abandonar la docencia. «El verdadero reto fue vencer el pudor», reconoce Verónica, quien ahora utiliza su creatividad y amor por lo que hace en la elaboración de alfajores, un producto que refleja su pasión por la calidad y el sabor.
La transición de maestra a emprendedora ha sido motivadora para muchos, simbolizando el poder de reinvención y la búsqueda de nuevos horizontes en cualquier etapa de la vida.
Fuente: La Nación












