
Tras ser señalado por el neurocirujano Leopoldo Luque, el médico clínico Pedro Di Spagna, otro de los imputados que está siendo juzgado en el segundo juicio el que se busca dilucidar eventuales responsabilidades penales por la muerte de Diego Armando Maradona, pidió la palabra y declaró ante el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) N°7 de San Isidro.
“Está en juego mi buen nombre y honor y creo que es necesario hacer algunas aclaraciones. Nosotros los médicos nos recibimos de médicos. Ser neurocirujano es un perfeccionamiento. Nosotros nos recibimos de médicos”, dijo Di Spagna. Sus palabras, sin dudas, estaban dirigidas a Luque.
A la mañana, cuando había comenzado la audiencia, ante preguntas de su abogado Francisco Oneto sobre su rol en la internación domiciliaria a la que fue derivado Maradona después de la operación de un hematoma subdural, intervención realizada en la Clínica Olivos el 3 de noviembre de 2020, Luque había dicho: “Era muy claro en la internación domiciliaria. El rol que yo asumí en la reunión del 10 de noviembre [de 2020, un día antes de la externación] abiertamente y explícitamente era el de neurocirujano. Había un control clínico que se asumía en el Chat Tigre [un grupo de WhatsApp] y uno de salud mental, en el grupo Atención Diego. Yo no tenía autoridad sobre el resto de los especialistas”.
Y después apuntó contra Di Spagna y Nancy Forlini, jefa de cuidados domiciliarios de Swiss Mesical, otras de las personas sentadas en el banquillo de los acusados.
Fue cuando le preguntaron quién estuvo a cargo de la internación domiciliaria. “El equipo de la Clínica Olivos. Pasó de una estructura de internación clínica a una de internación domiciliaria. Más precisamente, la doctora Forlini y el doctor Di Spagna. Hay un seguimiento diario del paciente en el Chat Tigre. Di Spagna lo quiso ver y el paciente no quiso, pero hay un seguimiento donde los enfermeros informaban y las veía. De la causa surge que lo veían Di Spagna y Forlini”.
Entonces Di Spagna decidió hablar ante los jueces Alberto Gaig, Pablo Rolón y Alberto Ortolani. Y todos sus dardos fueron dirigidos a Luque.
“Yo no decidí internarlo [a Maradona] en el Sanatorio Ipensa [en La Plata]. Yo no decidí sacarlo de Ipensa. Yo no decdí llevarlo a la Clínica Olivos. Yo no lo externé de la Clínica Olivos. Yo no le propuse a la familia externarlo de la Clínica Olivos. Yo no presioné a las hijas y a la familia para llevarlo a un domicilio. Yo no firmé ninguna acta de internación para cuidados o internación domiciliaria”, afirmó el médico clínico. Todas acciones adjudicadas a Luque.
Después hizo referencia a la única vez que vio a Maradona. Fue 12 de noviembre de 2020, 13 días antes del fallecimiento, cuando lo convocaron para hacer un informe.
“Ese día lo vimos muy bien. Lo revisé con aparatos. Me llamó la atención que tenía las uñas pintadas de los pies con brillos”, recordó Di Spagna.
El médico clínico fue una vez más a la clínica del barrio privado San Andrés, en Tigre, donde el astro había sido trasladado después de la intervención quirúrgica. Fue el 18 de noviembre de 2020, pero no lo pudo ver.
“Lamentablemente no nos quiso recibir. Un detalle importante creo yo, están las hijas [para confirmarlo], tuvimos que esperarlo al doctor Luque, el médico de Maradona. Así lo hicimos. ingresó solo, nos quedamos afuera y fue indeclinable la decisión del paciente”, sostuvo. Gianinna, una de las hijas del Diez, asintió.
Y agregó: “Le pedí que él me lo diga. Las hijas finalmente me dicen que no quería. Intente ir al día siguiente y fue un no [la respuesta]. Quería una constancia legal de que no me dejaban”.
Para finalizar sostuvo: “Nunca tuve a mi vista la historia clínica de Maradona. Yo nunca fui el médico de Maradona, fui de interconsulta. Ojalá me hubiese dejado pasado pasar el 18 y dejarlo ver el 19″.
Fuente: La Nación












