La reciente tragedia en Merlo ha dejado cinco muertos y ha despertado una serie de interrogantes sobre las circunstancias que precedieron a este horror. Entre el 4 y el 6 de octubre, Eyvind Soihit Meza, un ciudadano venezolano de 44 años, compartió en su perfil de Facebook videos donde se le veía practicando tiro al blanco. Un comentario de un amigo en la red social, al referirse a su puntería, parece retroactivamente ominoso: “Buenos tiros”. La respuesta de Meza fue reveladora: “Gracias, amigo, hay que practicar y siempre estar preparado”.
Veinticuatro días después de su último posteo, Meza cometió el asesinato de su familia, llevándose luego la vida con un disparo en la cabeza. Según informes policiales, la alerta sobre la falta de respuesta de su esposa, Evelyn Rivero Mejías, fue emitida por un compañero de trabajo. Al no recibir respuesta a los llamados realizados, este individuo decidió dirigirse a la vivienda en Mercedes 2458, donde encontró el automóvil de la familia pero no señales de vida en sus ocupantes.
Los agentes que acudieron al lugar, tras obtener autorización de la fiscal de turno, ingresaron a la casa y descubrieron la escena trágica. Los cuerpos de Evelyn, de 41 años, y de sus tres hijos, de 14, 12 y 10 años, estaban en la habitación, cada uno con dos balazos en la cabeza. El padre, Eyvind Soihit Meza, tenía un arma de fuego entre las piernas y una herida de bala en su cráneo.
Las investigaciones iniciales no encontraron signos de que alguien ajeno a la familia hubiera ingresado al hogar, lo que llevó a confirmar que el único responsable de la masacre era el padre. El análisis forense reveló que todos los miembros de la familia fueron asesinados de manera similar, sugiriendo un acto deliberado y premeditado. Las autopsias confirmaron que la madre y los niños habían recibido disparos mortales en la cabeza.
El compañero de trabajo de Evelyn había notado su ausencia desde el jueves, lo que sugiere que los asesinatos pudieron haber ocurrido entre la noche del jueves y la madrugada del viernes. Sin embargo, la falta de denuncias previas sobre violencia familiar complicó el panorama. Aunque numerosos testimonios de amigos y compañeros de trabajo revelaron un patrón de control y maltrato psicológico por parte de Meza, no existían registros legales de la violencia.
En cuanto al arma utilizada, se identificó como una pistola Sarsilmaz modelo SAR 9, cuyo número de serie no aparece en los registros oficiales. Investigadores están indagando sobre cómo Meza pudo adquirirla sin un trabajo formal. Aunque estaba registrado como proveedor de servicios informáticos, se determinó que en realidad no estaba desempeñando dicha actividad y había estado trabajando como mecánico a domicilio.
Meza emigró a Argentina en 2017 y, tras varios esfuerzos, logró reunir a su familia. Sin embargo, su historia se ha visto ensombrecida por esta tragedia. La masacre en Merlo no es un caso aislado; refleja una alarmante realidad sobre la violencia de género en el país. Según el Registro Nacional de Femicidios, 2025 concluyó con 200 víctimas de femicidio y 19 de femicidio vinculado, destacando que el 83% de los femicidios son cometidos por parejas o exparejas de las víctimas.
Este trágico suceso pone de manifiesto la complejidad de la violencia de género, donde el control y la manipulación pueden escalar a actos de violencia extrema, como ha sido el caso en Merlo.
Fuente: La Nación












