CÓRDOBA.- Aunque se autopercibe mujer, después de varios meses en el pabellón femenino de la cárcel de Bouwer en Córdoba -donde protagonizó algunas peleas- fue trasladado al sector de varones. El caso corresponde a Javier Grasso, imputado por el encubrimiento agravado del femicidio de Milagro Bastos, la chica de 22 años que fue encontrada asesinada en su departamento del centro de Córdoba.
Por el crimen de Bastos está acusado y preso su hermano, Horacio Grasso, policía provincial que ya fue condenado por el homicidio de un niño.
El traslado de Javier Grasso al sector diferenciado de varones se efectivizó a partir del pedido del fiscal José Bringas y de la intervención del Ministerio de Justicia de Córdoba, basándose en los informes de seguridad interna.
Los trabajos del Servicio Penitenciario establecieron que no estaban dadas las condiciones de seguridad para que mantenga contacto con la población penal femenina. Plantearon que prevalecen los riesgos por el perfil criminológico del imputado por sobre el cambio registral presentado tras el crimen.
Javier Grasso estuvo prófugo ocho meses después de que el cadáver de Bastos fuera hallado dentro del placard del departamento situado en Buenos Aires al 300, en el centro de Córdoba. Fue detenido a mediados de marzo pasado en la localidad de Senda Hachada, en el norte de Salta.
En el 2024 había sido detenido en Paraguay (de donde fue expulsado), acusado de robar una mochila con miles de dólares; en ese momento presentó documentación en la que se identificaba como mujer, aunque conservaba su nombre masculino. Por ese DNI fue alojado en el pabellón de mujeres de Bouwer.
En la cárcel se peleó con Gabriela Nahir Fernández, quien también se autopercibe mujer y está acusada de haber violado y dejado embarazadas a otras presas, con el agravante de haber transmitido enfermedades a las víctimas. La imputaron como “probable autora penalmente responsable de los delitos de abuso sexual simple reiterado (dos hechos) en concurso real con abuso sexual gravemente ultrajante continuado en perjuicio de siete detenidas, calificado por el conocimiento de ser portadora de una enfermedad de transmisión sexual grave”.
Una guardiacárcel que intervino en la pelea para separar a Grasso y Fernández terminó con una herida en una ceja. La polémica excede ese ataque y tiene que ver con la presencia de estas dos personas en el pabellón de mujeres de ambos.
La viceministra de Justicia de Córdoba, Nadia Fernández, remarcó que en la decisión del traslado al sector de varones “prevaleció la evaluación integral y el estudio riguroso del perfil criminológico de Grasso por sobre cualquier maniobra formal que haya intentado con una autopercepción y un cambio registral en su DNI de sexo”.
“En este caso, escuchar las denuncias, revisar los antecedentes y prevenir riesgos es siempre el deber de la justicia”, añadió.
Fuente: La Nación












