Una innovadora iniciativa está tomando forma en el barrio de Villa Ortúzar, donde se ha inaugurado Hay Pezca, un establecimiento que busca más que simplemente vender pescado fresco. Este local, fundado por Mariano Barbieri y Sebastián Serpicelli, se propone crear una comunidad de experiencias en torno a la gastronomía y el arte de cocinar.
De Artista a Emprendedor Gastronómico
Mariano Barbieri, conocido por su trabajo en el colectivo de diseño gráfico DOMA, ha dado un giro radical en su carrera. Tras años de éxito en el ámbito del diseño y la animación, donde colaboró con importantes canales como Nickelodeon y ESPN, decidió canalizar su pasión por la cocina en un nuevo proyecto. La idea de abrir una pescadería surgió durante la pandemia, a partir de una amistad con Serpicelli, quien tiene una larga tradición familiar en el sector.
Un Espacio de Encuentro y Aprendizaje
En Hay Pezca, no solo se ofrece una variedad de productos del mar, sino que también se organizan talleres y cenas privadas en un espacio llamado Alga. Aquí, los vecinos pueden aprender a cocinar diferentes platos, desde sushi hasta paella, mientras disfrutan de música en vivo. Esta propuesta busca fomentar la interacción entre los clientes y fortalecer la comunidad local.
Rescatando Tradiciones Gastronómicas
La misión de los fundadores es también rescatar la cultura del pescado en un país donde la carne suele tener mayor protagonismo. Con la ayuda de una asesora gastronómica, han desarrollado recetas que integran tradiciones de diversas colectividades, haciendo del pescado un ingrediente versátil y atractivo para el público.
Un Toque de Nostalgia y Cultura
Además, el local cuenta con un toque especial: una fotografía enmarcada de Diego Maradona pescando, un regalo de vecinos que participaban en los talleres. Esta imagen no solo evoca la figura del ícono argentino, sino que también refuerza la conexión con la cultura local y sus costumbres.
Con una propuesta que va más allá de lo comercial, Hay Pezca se establece como un punto de encuentro para la comunidad, donde el amor por la cocina y el deseo de conectar con los demás se fusionan, creando así un espacio único en el corazón de Villa Ortúzar.
Fuente: La Nación












