Huenu Mastronardi ha transformado su vida y su entorno en la cordillera, convirtiendo dos hectáreas de tierra en un vibrante espacio dedicado a la producción de miel y flores. Desde su hogar, se asoma a una vista privilegiada del cerro La Monja, una decisión que refleja su deseo de conectar con la naturaleza cada día.
Al momento de elegir el terreno en Trevelin, Huenu consideró varios factores, incluyendo el acceso para colmenas y la disponibilidad de agua. Sin embargo, su deseo de tener una vista constante de la montaña fue un elemento crucial en su elección. Nacida en Esquel, Huenu se formó como psicóloga y se dedicó a la consultoría hasta que decidió regresar a su tierra natal y emprender un nuevo camino.
Un nuevo comienzo en la chacra
En su llegada a la cordillera, Huenu conoció a Carlos, un experto apicultor que ha dedicado más de 35 años a la apicultura. Juntos han desarrollado una chacra que, aunque comenzó como un terreno de pastura, ha sido transformado en un lugar donde florecen la miel y la naturaleza. La pareja ha trabajado arduamente para implementar un sistema de producción sostenible que respete el medio ambiente y promueva la biodiversidad local.
La miel como protagonista
Valle Andino, el nombre de su emprendimiento, se especializa en la producción de miel diferenciada por su origen botánico. Carlos maneja aproximadamente 700 colmenas en diferentes campos, lo que les permite ofrecer mieles monoflorales y multiflorales. Cada variedad tiene características únicas que reflejan la flora del entorno, desde la suave miel de vicia hasta la más intensa miel de chacay.
Más que miel, una experiencia
Además de la miel, Huenu ha comenzado a cultivar hierbas y otros productos que enriquecen la oferta de su chacra. Desde melisa y romero hasta hongos silvestres, el lugar se ha convertido en un verdadero oasis de producción que no solo satisface sus necesidades, sino que también genera un excedente que venden localmente. Esta abundancia ha llevado a la pareja a replantear cómo almacenar sus productos, un desafío que no enfrentaban en la ciudad.
Conexión con la naturaleza
El regreso a la naturaleza ha permitido a Huenu reencontrarse con su vocación como psicóloga. Tras la pandemia, se formó como terapeuta hortícola, integrando su amor por la tierra en su práctica profesional. Los pacientes que visitan la chacra se benefician de la calma y el ritmo pausado del entorno, lo que les ayuda a reconectar con ellos mismos.
Un jardín de sueños
El diseño del jardín de Huenu no fue producto del azar. En un sueño, visualizó un mandala que representa los cuatro puntos cardinales y la vida misma. Este sueño se ha materializado en su chacra, donde cada estación florece con su paleta de colores, reflejando el ciclo de la vida y la conexión con la tierra.
La historia de Huenu Mastronardi es un testimonio de cómo la pasión y la conexión con la naturaleza pueden transformar vidas y espacios. Su chacra no solo es un lugar de producción, sino un refugio para quienes buscan reconectar con lo esencial.
Fuente: La Nación












